Mensajes reconfortantes. Que puedan dar aliento al alma en un momento determinado. Lecturas refrescantes que elevan el espìritu y nos señalan la mejor manera de vivir con una fe y sobre todo con Dios de la mano y bajo su direcciòn.
sábado, 21 de enero de 2012
EL RIO
De sus manos destilarán aguas, Y su descendencia será en muchas aguas; Enaltecerá su rey más que Agag, Y su reino será engrandecido.
AGRADECIDOS
Es tiempo de que reconozcamos todas las bendiciones con las que hemos sido dotados y sepamos mostrarnos agradecidos no sólo con Dios, sino también con todos aquellos a quienes el Señor ha utilizado como instrumentos para lograrlo.
LA VELA QUE SE APAGA
Se había ido la luz en el vecindario aquella noche, por lo que colocamos velas en algunos lugares estratégicos de la casa para poder movernos con algo de seguridad.
Me senté en el comedor, frente a una vela que, tras mucho uso anterior, parecía llegar al final de su existencia. La llama de la vela luchaba por mantenerse encendida. Al contemplar la endeble llamita, me puse a reflexionar que nuestras vidas, al llegarles su ocaso, son semejantes a aquella llamita.
Mi madre estaba sentada al otro extremo de la mesa, contando algunas anécdotas sobre sus incursiones evangelísticas. Ella me compartía que, de unos años para acá, no permitía que persona alguna se le escapase sin que pudiera compartirle acerca de su amigo, Jesús.
Ella se había vuelto tenaz en lo que tenía que ver con su compromiso de fe. De hecho, en una ocasión, le enseñó a un loro suyo a predicar... de manera que, cada vez que el loro se sentía alegre, gritaba con una claridad impresionante: "Arrepiéntete, pecador; Cristo te ama".
La escuchaba reflexionar cómo había perdido tanto tiempo durante su juventud, permitiendo que la vida pasase sin mayor bendición ni para ella ni para los que la rodeaban. Concluyó: "¡No hay tiempo que perder!"
Mientras ella hablaba, la veía y no podía menos que comparar su testimonio con el de la llamita de la vela. Mi madre, al igual que la llamita, luchaba por mantenerse como bendición. Esta, por haberse consumido la parafina, aquella en medio de sus luchas contra la enfermedad y la debilidad propia de los años. Pero ambas decididas a no rendirse...
Mi madre está convencida que el Señor habrá de valorar su servicio, aunque insignificante para muchos hoy, del otro lado del cielo.
Sin importar cuánto de la vela de tu vida ya se ha consumido, atrevámonos a llevar adelante la honrosa labor de quien comparte la historia más grande jamás contada, la de Aquel que, siendo la luz del mundo, vino a sacarnos de la oscuridad del pecado para que, brillando para El, nos enfrentemos al futuro con la certeza de un trabajo bien hecho.
Anita Irigoyen
¿Sabías que tú eres también una vela? No dejes que se apague. Hay multitudes viviendo en tinieblas esperando que les compartas tu luz. NO dejes que tu vela se apague.
¿Por qué no fui escondido como abortivo, como los pequeñitos que nunca vieron la luz? JOb 3:16.
La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Mateo 6:22.
Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor. Lucas 11:36.
FIDELIDAD EMPLUMADA
Es una triste realidad. Todas las relaciones comienzan con amor y promesas, pero demasiado frecuentemente las vemos debilitarse, desmoronarse y finalmente, fracasar. Qué triste que todas las relaciones no sean como las de las aves. Sé que suena extraño, pero sigan leyendo.
Hace muchos años, cuando era sólo un muchacho, una pequeña ave amarilla golpeó nuestra puerta frontal. Cuando miré fuera, vi aquel diminuto cuerpo inmóvil sobre el piso. Abrí la puerta para ver si estaba atontado o, en caso extremo, muerto. Estaba arrodillado sobre ella cuando mi mamá se me unió.
"Michael, creo que está muerta. Escuché el golpe contra el vidrio. Se pegó muy duro".
"Mamá, ¿deberíamos enterrarla?"
"No estoy segura, Michael. Cuando miré la primera vez vi a otra ave aterrizar junto a ella. Parecía querer recogerla. Creo que deberíamos dejar que la naturaleza se encargase de esto. Pongámosla en el techo del auto y veamos qué pasa".
Colocamos la avecilla inmóvil en el techo del auto de mi papá y entramos a la casa. Desde la ventana de nuestra sala observamos a la compañera del ave volar a su lado, agarrando cuidadosamente el torso del cuello del ave muerta en su diminuto pico, y con una fuerza que sólo el amor y la devoción pueden proveer, la levantó en el aire.
Llevó el cuerpo desde el auto, al otro lado de la calle, a unos árboles cercanos en un prado. Voló a sólo unos pocos metros del suelo. A veces se remontó a unos dos metros de altura, pero entonces el peso de su compañera le hacía descender de nuevo. Su lucha fue grande, pero su deseo de no separarse de su compañera fue mayor.
Treinta y cinco años después, salí de mi hogar en una caliente mañana de verano. Miré en dirección de mi vecino de al lado --vivíamos en casas adosadas-- y noté una hebra sencilla de la tela de una araña atada del arbusto de la esquina de su casa a la llanta de uno de sus autos. Pensé que era extraño que una araña tejiera tal red, especialmente de una sola hebra.
Me acerqué para investigar. Cuando me incline para romper la red descubrí que no era tal. Era parte de una cuerda de pescar. Le di un jalón y vi que estaba enredado en los arbustos, y que el otro extremo estaba atado bajo el auto. Uno de los muchachos estaba sentado en la cubierta frontal de la casa.
Comenté: "Parece que alguien camuflajeó una trampa alrededor del auto de tu amigo".
Se acercó para ver de qué hablaba. Le di un jalón a la cuerda. Estaba firmemente atorada debajo de la llanta del vehículo.
"Qué extraño, parece que se extendiese totalmente por debajo", dije.
Caminé hacia la parte de atrás del auto y vi a un petirrojo. Batió las alas para alejarse, pero la cuerda, que estaba enredada en su diminuta pata, la mantenía firmemente atada. La pobre ave aleteaba alrededor del pavimento con solo unos treinta centímetros de cuerda de movilidad.
Lentamente me acerqué e intenté agarrarla. Cuando mis dedos tocaron primeramente sus plumas, graznó y se alejó aleteando de mí. Me moví más rápido en mi segundo intento y logré asir su tembloroso cuerpo. Se retorció y giró su cabeza para picarme, pero mantuve mi agarre.
El muchacho se acercó para mirar, y entonces fue a buscar un cuchillo. Cuando regresó me di cuenta de que probablemente le rompería la patita a la pobre ave al estirar la cuerda antes de cortarla así que le envié a buscar unas tijeras. Regresó y con mucho cuidado removimos el hilo.
El ave quedó libre, pero la mantuve agarrada un poco más, para poder quitarle la última hebra de cuerda de su patita. Hizo un gran esfuerzo y escapó de mi alcance. Voló bajo por sobre el pavimento, bajo una fila de buzones, y hacia un árbol. Era libre de nuevo.
Entonces observe a un segundo petirrojo volar desde un árbol cercano y aterrizar junto al recién liberado petirrojo. Había permanecido cerca, mientras su compañero luchaba por su libertad, y no se hubiera ido hasta que la libertad o la muerte terminase su relación.
Las aves que observé se apareaban de por vida y las luchas que vienen con ella. ¿No desearía usted que más de nuestras relaciones fuesen como las de las aves? Yo sí lo desearía.
Michael T. Smith
Dios desea que mantengamos nuestra fidelidad a él y luego a los demás. Fidelidad con fidelidad se paga.
«Bendito sea el Señor, el Dios de mi amo Abraham, que no ha dejado de manifestarle su amor y fidelidad, y que a mí me ha guiado a la casa de sus parientes.» Genésis 24:27.
El Señor, el Señor, Dios clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor y fidelidad. Exodo 34:6.
Su obra es perfecta, porque todos sus caminos son justos; Dios de fidelidad y sin injusticia,justo y recto es El. Deuteronomio 32:4.
A PESAR DE LAS TRISTEZAS DE LA VIDA
*-A pesar de las tristezas de esta vida
*-A pesar de las traiciones y mentiras
*-A pesar de que los míos me abandonen
*-A pesar de los que acusan sin razones
*-A pesar de lo que sientan
*-A pesar de lo que digan creo en ti...
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